Hoy, 21 de mayo, Chile se detiene para conmemorar las Glorias Navales. Es una fecha donde el recuerdo de la epopeya de Iquique y el sacrificio de Arturo Prat resuenan con fuerza en el alma nacional. En este día de profunda reflexión histórica, no existe mejor escenario para conectar con nuestra identidad que el Museo Marítimo Nacional, ubicado en el emblemático Cerro Artillería de Valparaíso.
Tuvimos el privilegio de recorrer sus instalaciones y conversar en profundidad con su curador, Eduardo Rivera Silva, un apasionado porteño y civil que ha consagrado su conocimiento al resguardo de este patrimonio. Profesor de Historia y Geografía de formación y Magíster en Arte, Rivera encarna la versatilidad de una disciplina que, como él mismo señala, «permite desde hacer clases en el aula hasta dedicarse al servicio diplomático», pasando por hitos de vida tan singulares como la temporada en que vivió en el archipiélago de Juan Fernández.



El Arte de Hacer Hablar a los Objetos
Para Eduardo, la curaduría es un puente entre el pasado y el visitante. Lejos de ser una labor meramente administrativa, el curador es quien gestiona las colecciones, lidera la investigación científica y articula el relato de cada exhibición, seleccionando con pinzas las piezas que lo sustentan.
«El desafío del curador es extraer el máximo de información de cada objeto. No nos quedamos solo en lo técnico; indagamos en lo conceptual, lo simbólico y lo estético», explica Rivera.
Frente a la inmensa diversidad de las colecciones, esta labor exige un conocimiento profundo en tecnología de fabricación, historia del arte y el uso cotidiano de los enseres. Es un trabajo vivo: a medida que ingresan nuevas piezas, el estudio y la actualización deben ser constantes.




Un Gigante Arquitectónico sobre la Bahía
El entorno del museo es una obra de arte en sí misma. El Cerro Artillería ha estado históricamente ligado a la vida militar de Valparaíso. Allí se erige el imponente edificio inaugurado en 1893 para albergar a la Escuela Naval, diseñado y construido por el reconocido arquitecto Carlos Von Moltke (quien también proyectó el Museo de Historia Natural de la ciudad).
Esta estructura es uno de los pocos edificios de gran formato construidos en los cerros porteños. Rodeado de arquitectura de influencia inglesa y alemana, el museo regala una de las postales más bellas de la región: una vista privilegiada de la bahía que, en días despejados, permite divisar el imponente Monte Aconcagua.


Un Recorrido por la Historia Naval
El edificio se distribuye en dos pisos y dos grandes patios que albergan embarcaciones y botes históricos, sumando cerca de 17 salas de exhibición:
- Primer Piso (Historia y Bienvenida): Aquí se concentra la muestra estable dedicada a la historia marítima del siglo XIX. Al ingresar, el visitante es recibido por una sala de carácter simbólico donde destaca un imponente mascarón de proa de origen inglés.
- Segundo Piso (Dinamismo Cultural): Este nivel está reservado para las exposiciones temporales, abriendo las puertas a expositores e instituciones externas que enriquecen la agenda cultural del museo.

Renovación y Conmemoración
El museo sabe conjugar su herencia con la modernidad. Eduardo nos destaca que desde el año 2025 se habilitó oficialmente el Hall Principal para nuevos flujos de visitantes. Es justamente en este espacio donde se despliega una gran intervención artística y exposición fija implementada el año pasado con motivo de los 110 años del museo, la cual permanecerá abierta durante un año.

La Sala de las Glorias Navales: El Corazón del Relato
En este 21 de mayo, la Sala de las Glorias Navales cobra un protagonismo único. El espacio sobrecoge por su belleza arquitectónica, custodiado por dos magníficos vitrales de manufactura alemana instalados en 1987 (uno de los últimos encargos realizados por dicha casa europea en Chile hacia la década de 1920).
A ellos se suman tres vitrales principales que rinden homenaje a los tres grandes pilares de nuestra historia oceánica:
- Bernardo O’Higgins: Visionario de la independencia, creador de la Escuadra Nacional, la Escuela Naval, la marina mercante y la autoridad marítima.
- Lord Thomas Cochrane: El marino audaz que infundió el estándar de «marina de aguas azules» y de proyección oceánica que hasta hoy distingue a la Armada chilena.
- Arturo Prat: El máximo héroe de la institución. Una figura profundamente querida, respetada y grabada a fuego en la conciencia colectiva de todos los chilenos.
Conversar con Eduardo Rivera nos recuerda que la Marina nació en Valparaíso. La historia del puerto principal y la de la Armada son dos hilos de una misma amarra. Hoy, 21 de mayo, las puertas del Museo Marítimo Nacional no solo custodian objetos, sino que mantienen vivo el eco de aquellos marinos que, desde este mismo mar, forjaron el destino de la patria.
Un Agradecimiento Especial e Invitación
No podemos cerrar esta crónica sin expresar nuestra más profunda gratitud al curador Eduardo Rivera y a la Relacionadora Pública del museo, la Señorita Karen Villarroel Roa. Queremos agradecerles de corazón por abrirnos las puertas de par en par, por otorgarnos todas las facilidades para registrar en imágenes y fotografías la riqueza de este lugar, y sobre todo, por una atención increíble que hizo de esta visita una experiencia maravillosa e inolvidable. Su hospitalidad refleja el verdadero espíritu del servicio y el amor por nuestra identidad.
De parte de El Anfitrión de Chile, los dejamos a todos cordialmente invitados a recorrer, descubrir y emocionarse con el Museo Marítimo Nacional de Valparaíso. ¡Un imperdible de nuestro patrimonio que merece ser vivido!
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